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¿Algún lector de libros electrónicos en la sala? Reconozco que no uso e-readers ni leo e-books porque soy una amante amantísima del libro de papel, de su olor, su textura y sus esquinas de papel que doblar para marcar páginas. Reconozco que el libro electrónico tiene sus ventajas prácticas, como el tamaño, el peso y la capacidad, pero no me creo aquello de que es un soporte ecológico. Reconozco que para sacar una edición de un libro hacen falta cientos o miles de árboles. Reconozco que comparado con la tala de libros, las baterías y el uso de la electricidad de los Kindles, los iPad y los otros e-readers son hasta cierto punto más limpios. ¿Pero qué pasaría si todo el mundo usase libros electrónicos? ¿Acaso las baterías de litio y el uso de electricidad que conllevan no generan contaminación? ¿Qué pasaría con todo el CO2 emitido por el consumo de electricidad?

El libro es un soporte más limpio, más verde y con mayor vida que un e-book. Esta es mi opinión. Vosotros me diréis que un libro electrónico puede albergar miles de libros que puedes compartir con otros usuarios. Yo os diría que una casa puede albergar miles de libros de papel y que puedes compartirlos con otros lectores hasta que el libro alcance su madurez expresada en páginas amarillas, olor a polvo y cubiertas resquebrajadas. Vosotros me diréis que cuando un libro de papel llegase a ese punto, aún se podría utilizar un libro electrónico, y aún más, hasta el fin de los tiempos. Yo os diría…

El tema es que no hay tema, no hay discusión, bueno, sí la hay, pero no un justo o claro ganador. Podríamos discutir durante horas, días, y aún así no hallar un consenso, una afirmación por parte de todos los lectores del mundo que dijese algo así como:

“… es la opción más ecológica, más limpia y más chupi guay del mundo mundial para leer”.

Hasta ese punto de hermandad y paz entre los seres humanos que tal vez no llegue nunca podemos seguir opinando, posicionándonos, y proclamar sin vergüenza que somos de una cosa o de otra, como si de una ideología política se tratase. Yo voto por los libros de papel.

¿Pero qué pasa con mi conciencia ecológica? ¿Qué pasa con mis hábitos de reciclaje y consumo responsable? ¿Casa todo eso con la costumbre de comprar libros de papel? Reciclo papel, plásticos y llevo al punto limpio todos los aparatos electrónicos y otras sustancias contaminantes para su tratamiento y reutilización. Consumo responsablemente cosméticos, comida y ropa, aunque en algún momento he seguido adelante cuando, en la cola de la caja de la tienda de ropa de turno, he comprobado en la etiqueta de los únicos vaqueros que encajan con mi colosal anatomía que el lugar de procedencia y fabricación es Bangladesh. ¿Y qué pasa con los libros?

Me ha costado muchos años de almacenamiento, de guardar libros en cajas, en armarios y en otras habitaciones de la casa darme cuenta de que una casa no necesita tantos libros. Los libros no son objetos de decoración. No cuando la inmensa mayoría son ediciones baratas de bolsillo que se han editado a miles. Hubo un tiempo pre-crisis económica que albergué la inocente esperanza de tener algún día una biblioteca espectacular. Ya no. Ahora creo en la vida después de la lectura de un libro. Lloraría si tuviera que malvender, regalar o donar algunos de mis libros más preciados, ¿pero qué pasa con la inmensa mayoría de libros que lees una vez y olvidas en la tercera o cuarta balda de una estantería repleta? He aprendido a regalar libros, a prestar y olvidarlos, a donar a la biblioteca de mi barrio (y no veas la ilusión que me hace verlos en sus estanterías) y, claro está, he aprendido a comprar libros de segunda mano.

Existen puestos callejeros de libros de segunda mano en casi todas las grandes y pequeñas ciudades. También existen cafeterías y tiendas que venden, intercambian o incluso regalan libros usados. En Madrid existe la Cuesta de Moyano para comprar libros usados, la librería La Casquería (Mercado de San Fernando, Calle Embajadores 41) que vende libros usados al peso o el proyecto de Libros Libres (Calle Cobarrubias 38) donde puedes coger libros sin pagar ni un céntimo (o hacerte subcriptor por solo 12 euros además de donante anónimo de todos los libros de los que te quieras desembarazar). Y, por supuesto, existen las bibliotecas públicas, de las que puedes usar gratuitamente todos los libros que quieras y a los que poder donar tus libros cuando no vayas a usarlos más.

Mi pasión por la literatura y los libros ha encontrado la opción más responsable que es leer y compartir. Más allá de soportes electrónicos, pero sin olvidar jamás que los libros proceden de árboles talados, aunque no si recordaros que la mayoría de ediciones actuales utilizan ya papel reciclado. Ahora no tenéis excusa para leer, lo que sea y cómo sea, pero leed.

Leed y tened una opinión. No hay nada más sano.

Forges

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Texto de María José Alfonsel. Ilustración de Forges.

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