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Soy una mujer con sueños pequeños. Uno de ellos era trabajar en una librería. Lo conseguí hace unos meses, aunque la gran superficie sin alma en la que he estado trabajando (y aún trabajo) dista mucho de la pequeña librería que imaginaba en sueños. Sí, trabajo como librera en uno de esos enormes almacenes que destruyen y avocan al cierre a los pequeños y sagrados lugares de peregrinación llamados LIBRERÍAS. Perdón si mis palabras os recuerdan demasiado al personaje de Meg Ryan en Tienes un e-mail. Su discurso anti armatostes comerciales con descuentos y capuchinos lo tengo demasiado integrado en mi propio discurso.

Pero que los metros cuadrados no os engañen: el trabajo es el mismo. Vale que a las funciones propias del librero se le tenga que sumar toda una serie de dinámicas comerciales asalta clientes para fidelizar, pero lo esencial es lo mismo. Recibes la mercancía, la colocas, mantienes en un buen estado tu tienda, cambias el aspecto con frecuencia para que resulte atractivo, atiendes a los clientes, cobras el producto y al final del día haces cuentas y te vas a casa.

No es tan difícil, ¿verdad? Y ahora os preguntaréis, ¿por qué demonios alguien soñaría con trabajar en algo así? No es por el trabajo de dependienta-reponedora, más aburrido que otra cosa, ni siquiera por estar rodeada de libros constantemente (si me permitieran ojearlos y leerlos, sí, os diría que es por eso). No. Me gusta porque cada vez que atiendo a una persona establezco un diálogo directo con otro lector. De lector a lector. No soy un vendedor de mercancía, aunque así mis jefes quieran verlo. Vendo literatura, ensayo, cómic, etc., obras nacidas de la mente y el talento de otra persona. Obras de autores, escritores, que admiro y respeto. Y se lo vendo a alguien que quiere leerlo. Soy una interlocutora entre el autor y su lector.

No hay nada más satisfactorio que atender a un lector que admira profundamente la obra de un autor; un lector que lee con devoción, pasión y hambre y trae consigo una lista de libros que desea leer; o un lector que desea regalarle a otro lector una obra que pueda llegarle dentro. No todos los clientes son así. Hay una tipología de seres que acuden a las librerías en busca de la última novedad o del libro más raro. Y, del mismo modo, no hay nada más repelente que atender a un cliente que no lee nunca pero que ha decidido regalar por compromiso un libro a una persona a la que no se ha molestado en conocer; un cliente que se cree más listo que tú y te deletrea hasta la palabra “libro”; o un cliente que te pregunta si has leído el libro de autoayuda o espiritualidad que desea comprarse y se indigna si tu respuesta es negativa.

Y, sin embargo, no soy todo lo buena librera que pudiera ser. Si algo he descubierto en este trabajo es lo poco que sé de literatura. No hace falta más que rodearse de buenos y cultos compañeros de trabajo y de clientes inteligentes para darse cuenta de ello. Soy una lectora que lee clásicos, algunos autores contemporáneos y cómics. Simple y llanamente. Tengo mucho que aprender. No he tenido más humildad en toda mi vida que en este trabajo.

No obstante, me siento agradecida. Agradecida por tener un trabajo del que no me van a renovar el mes que viene (…), agradecida de los nombres y títulos que he aprendido, agradecida por haberme codeado por excelentes compañeros expertos cada uno en su materia. La pasión de los lectores, creedme, no se iguala a ninguna otra.

Me acordaré siempre del chaval que encarga y se gasta su paga en mangas para chicos, del chico que solo compra cómics gays, de la señora indignada que terminó recomendándome un libro de un gran escritor, del señor que acude a comprar únicamente libros ilustrados infantiles, de la señora que quiere ser escritora, de la chica con la que siempre hablaba de cómics, de los famosos que atendí personalmente, del hombre que me contó su vida cuando fue a comprarse un método de idiomas, del hombre que buscaba libros de ciclismo y de la mujer que me dijo “Gracias por existir” cuando le recomendé mis libros favoritos.

Ya he sido librera. Tal vez ahora toque cumplir otro sueño.

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This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Texto de María José Alfonsel.

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