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En la Feria del Libro de este año me compré un ejemplar de Pippi Calzaslargas de Astrid Lindgren editado por Blackie Books. Pocos meses después lo leí y disfruté de las aventuras de esta niña divertida, mentirosa y anarquista. Sí, anarquista. Una niña que no teme a los adultos ni a la sociedad. Una niña que vive como le da la real gana y que no le importa lo que piensen los demás, salvo sus seres queridos, a saber, los adorables Tommy y Annika.DSCF2028Leyéndolo, me dio por pensar en los protagonistas infantiles más “contestatarios”, una costumbre de la literatura infantil del siglo pasado que desgraciadamente se ha perdido en la actualidad para vendernos héroes sumisos y con un rollo más cool que se enamoran, luchan por ser más guays o contra terribles enemigos fantásticos, e investigan, pero poco más (ejemplos como Gerónimo y Tea Stilton, el Capitán Calzoncillos, Greg y su diario, Harry Potter, y ya en la literatura juvenil, los vampiros de la saga Crepúsculo).

¿Por qué se ha abandonado esa costumbre? ¿Qué hay de malo en enseñar al niño a divertirse y ser uno mismo? ¡A ser niño y no adulto! ¡A dejar las leyes y las reglas a un margen y disfrutar de la infancia! Los protagonistas anarquistas de las novelas y cuentos infantiles son personajes bondadosos, valientes, imaginativos, activos y con una salud y unos hábitos nada desdeñables. ¿Acaso eso es malo? ¿No queremos eso para nuestros hijos, sobrinos o nietos?

Pero no está de moda o de aparecer en las novelitas infantiles y juveniles, lo hacen señalados como personajes cuyo final será catastrófico, como ejemplo de mala conducta. Atrás quedaron esos personajes que nos despertaron nuestra imaginación infantil.

Pippi Calzaslargas vive sola, sin compañía ni supervisión de ningún adulto, junto a su mono y su caballo; hace ejercicio a diario y sabe cocinar; tiene una fuerza brutal que utiliza contra ladrones y maleantes; y aunque no va a la escuela y no sabe sumar, restar o multiplicar, cuida a sus amigos con atenciones, mimos y juegos. No existe nadie más solidario que ella. ¡Quiere ser pirata y nadie ni nada se lo impedirá!

Matilda, la insaciable lectora protagonista de la obra homónima de Roald Dahl, se rebela contra sus padres y contra la directora del colegio utilizando su inteligencia y la telequinesis, al mismo tiempo que lee, aprende en el colegio y trata con educación y dulzura a su profesora y sus compañeros de clase. Una niña que decide su propio modo de vida y su destino. ¿Acaso no ves el anarquismo de Matilda? ¡Desafía y lucha contra la autoridad de su escuela y de su familia!Matilda

¿Y qué decir del personaje inmortal de J. M. Barrie, Peter Pan? Este arrogante pilluelo no quiere crecer y vive en el País de Nunca Jamás, donde vence a los piratas gracias a la ayuda de los Niños Perdidos. Sin más gobierno que el que establecen ellos mismos, los traviesos habitantes de la isla son valientes, pero con un corazón lleno de amor por los demás seres de la naturaleza (¡salvo los piratas!).

Y más allá del charco llamado Oceáno Atlántico Mark Twain dio a las letras de su nación dos de los anarquistas más clásicos de su literatura: Huckleberry Finn y Tom Sawyer, los dos niños protagonistas de Las aventuras de Tom Sawyer. Esta novela con poca tradición en la vieja Europa (reconozco no haberla leído), nos ha llegado en numerosas adaptaciones y hemos sabido que estos dos traviesos niños pasaban de todo, hasta del dinero, y se fugaron numerosas veces de su vecindario.simpTomAndHuck¿Por qué no hay más personajes como estos? ¿Por qué la infancia se ha convertido en una etapa llena de reglas? “Debes ir al colegio”, “siéntate bien”, “come con los cubiertos”, “no molestes”. ¡La literatura y los personajes ácratas ayudan a los niños a sobrellevar tanto orden y tanta disciplina! Demos a los niños una literatura con la que dejen volar su imaginación, para que cuando sean mayores no se conviertan en adultos grises que acuden al trabajo, comen, continúan trabajando y se van a dormir. ¡Queremos adultos valientes! ¡Seamos niños anarquistas!

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This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Un texto de María José Alfonsel.

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