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En este blog hemos dedicado muchas entradas a los cómics y, especialmente, a los cómics de autores españoles. No nos cansaremos de repetir que el cómic español vive una gran época de esplendor, tanto, que esta frase se está convirtiendo en un cliché y un día de estos alguien me soltará un indignado exabrupto para que me calle y me vaya a tejer ganchillo, cosa que, por increíble que parezca, no sé hacer. Esta joven que desearía haber nacido unas décadas antes porque no encaja en la sociedad que la rodea es una vieja que sabe tejer y hacer punto de cruz, pero no ganchillo. Una viejecita que lloró a moco tendido con el cómic y la película Arrugas.

La novela gráfica de Paco Roca salió a la luz en el año 2007, pero los que vivimos más interesados en las noticias del cine que las del cómic no nos enteramos de su existencia hasta la llegada en 2012 de la película dirigida por Ignacio Ferreras. Los verdaderos apasionados del cómic saborearon sus páginas y le otorgaron el Premio Nacional de Cómic en 2007. Los que los saboreamos cuando podemos, como en mi caso y cuando pude adquirirlo temporalmente gracias a la biblioteca de mi barrio, también supimos ver la belleza de la historia que contiene.

Arrugas humaniza la vejez de los protagonistas, un grupo de ancianos que viven aislados en una residencia aburrida donde transcurren los últimos días de sus vidas. Emilio es el protagonista, un anciano elegante, guapetón y limpio que sufre la enfermedad más temida cuando se alcanza la edad de jubilación: el alzhéimer. Ingresa en la residencia y formará nuevos amigos: Miguel, su compañero de habitación y ladrón picarón ocasional, Modesto y Dolores, una entrañable pareja que sobrevive al paso de los años con recuerdos de la infancia, y Antonia, una adorable abuelita que guarda pequeños tesoros para su nieto (como hacían todas nuestras abuelas).

El cómic es más cercano. La historia tiene algunos episodios dramáticos que la película ignorará y completará con escenas que, a su vez, hubiesen sido necesarias en el cómic. Por eso es tan importante completar el ciclo: primero leer el cómic y después ver la película. La película sigue con la animación sencilla del cómic y da voz tierna (y hasta con acento) a los personajes. Emilio irá progresando en su enfermedad al tiempo que Miguel, un hombre que ha llegado a la madurez de su vida soltero y sin hijos, empieza a querer a otro ser humano y compartir con él su tiempo y energía. Tal vez la película falle en largos silencios, en un montaje mal afinado y en una banda sonora típica y normal, pero la historia perdura… y conmueve.

Que un cómic dé voz a aquellos que se han pasado la vida luchando y trabajando y terminan apartados de sus familias y de la sociedad que les señala como estorbos es un gran paso. Que se decida llevar el cómic, que no nos engañemos, es un medio más bien minoritario y que no llega a todo el mundo, a la gran pantalla y que además consiga llenar salas y ganar prestigiosos premios es un salto de gigante. Los abuelos, los ancianos, esos que a veces nos sacan de quicio, que nos da pereza visitar, que lloramos cuando mueren, tienen mucho que contar, mucho que aportar aún. Tienen voz y debemos oírla.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Texto y fotografías de María José Alfonsel.

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