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Desde que me lo regalaron mis compañeros de facultad, hace ya unos cuantos años, La espuma de los días es uno de mis libros favoritos. Lo siento pero tengo debilidad por el realismo mágico. Escrita por el polifacético Boris Vian narra dos historias de amor protagonizadas por Colin y Chloé, y Chick y Alise.

En un Nueva Orleans fascinante, húmedo y diferente vemos reflejadas las relaciones humanas, sobre todo amorosas, tanto en sus mejores momentos como en los peores. El amor, los celos, la enfermedad y la muerte son algunos de los temas tratados en la novela.

El año pasado cuando me enteré de que iban a adaptarla al cine me entró el pánico debido a la dificultad de transmitir con imágenes lo que tan bien describe Vian. Por lo visto Charles Belmont ya dirigió una versión en 1968, la cual desconozco, pero a juzgar por las críticas no debió de tener mucho éxito.

Poco después me enteré de que el director de la nueva versión era Michel Gondry, a quien admiro muchísimo, y que el reparto lo encabezaban Audrey Tautou como Chloé y Romain Duris como Colin. Desde ese momento mis temores se transformaron en expectación. Hace un mes publicaron las primeras fotografías del rodaje y reconozco que tengo sentimientos encontrados, pues lo que veo es indudablemente muy Gondry pero se aleja del imaginario que yo me hice al leer la novela. Supongo que ese es el peligro de todas las adaptaciones.

Si no habéis leido La espuma de los días os recomiendo que lo hagáis antes de que estrenen la película. Os dejo uno de mis fragmentos favoritos, para mí es una de las mejores representaciones que hay del enamoramiento:

“Iban caminando por la primera acera que les salió al paso. Una nubecilla rosa descendía del aire y se aproximaba a ellos.

-¿Voy? -propuso.

-Ven -dijo Colin.

Y la nubecita les envolvió. Dentro de ella hacía calorcito y olía a azúcar con canela.

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