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A Borges se le atribuye una frase que dice así: “uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe”. He conocido a personas de esas que se hacen llamar “escritor” o “escritora” que no leen nunca y también me he encontrado con grandes lectores o lectoras que aunque no escriben sus propios textos narrativos o poéticos, cuando lo hacen, por la razón que sea, lo hacen maravillosamente. Pero esta no es una discusión abierta sobre si leer te hace mejor escritor o si escribir te hace mejor lector. Simplemente se me ha venido a la memoria cuando tras el artículo del viernes pasado, ¿Qué lee la gente?, he pensado en todos los libros que no he leído. Si uno llega a ser grande por lo lee, ¿se es más pequeño por todos lo que aún no ha leído?

En el otro blog en el que dedico mi tiempo suelo poner fragmentos de obras que he leído, nunca de las que no. Leí El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable de Nassim Nicholas Taleb porque en el catálogo del Círculo de Lectores lo ponían muy bien. Luego resultó ser un libro espantoso para leer. Ensayo sobre estadística, con eso os lo digo todo. De lo poco que saqué en claro subí este fragmento en ese otro blog del que os hablo que expresa aquello que os quiero contar: a veces, se es hasta más grande por todo aquello que no hemos leído y que nos atrevemos a contemplar con esa mirada que significa una mezcla de “ya te cazaré” y “me avergüenza no haberlo leído aún”.

Hay una frase que resuena en mi cabeza y que no sé si es de alguna película de Woody Allen ni cómo es realmente, pero dice algo así que hay tantas cosas por hacer, que le gustaría hacer y que le hicieran… Pues sí, la vida es una larga sucesión de personas que entran y salen de tu vida, de trabajos que desempeñar y de libros por leer. ¡Y hay tantos y tantos que no he leído aún, que me gustaría leer, que ya leeré algún día! Por eso he decidido compartir con vosotros mi lista de la vergüenza:

  • Hablando de Borges, no he leído El Aleph.
  • Solo he leído Metamorfosis de Kafka, pero no La condena, América, El proceso, El castillo…
  • Ni he leído el Ulises de Joyce ni la Odisea de Homero. Ni malditas las ganas tengo.
  • No, todavía no tengo fuerza de voluntad para leer En busca del tiempo perdido de Marcel Proust.
  • No he leído Los tres mosqueteros de Dumas, pero me está esperando para cuando me atreva.
  • No he leído Hamlet, ni El rey Lear ni tantas obras de William Shakespeare, pero están ahí, en mi biblioteca, a la espera.
  • Lo intenté, de verdad que sí, pero no pude con Fausto de Goethe.
  • No he leído La historia interminable ni Momo de Michael Ende y sí, tuve infancia.
  • No he leído Harry Potter y no me ha pasado nada malo. Aún.
  • ¡Moby Dick! ¡Pero lo leeré! ¡Lo juro!
  • No he leído En el camino de Kerouac ni nada, salvo poemas, de Bukowski.
  • Tampoco me he atrevido aún con Faulkner, Scott Fitzgerald, Italo Calvino o Stendhal.
  • Ni que decir tiene que todavía no he encontrado el tiempo para leer a superventas como Dan Brown, Stieg Larsson, Carlos Ruiz Zafón o Matilde Asensi.
  • Me he leído todos y cada uno de sus cuentos, pero no A sangre fría. Perdóname, Truman Capote.
  • No he leído ni a Vargas Llosa ni a Paul Auster ni tan siquiera a Paulo Coelho y sigo viva.

Y tantos y tantos otros… Terminaría antes diciendo lo que he leído, pero es más humilde reconocer que no he leído.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Texto de María José Alfonsel Hidalgo.

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