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Sí, eso, ¿qué lee la gente? Aquí en el blog solemos escribir lo que nosotras leemos, pero no siempre nos acercamos a lo que lee el resto de la gente. Aunque las tres somos grandes lectoras y tenemos la mente abierta para atrevernos con casi cualquier libro, a veces me parece que nos separa un abismo con respecto al resto del mundo.

Que te he cazado, chato.

El domingo 27 María, colaboradora ocasional y amiga a tiempo completo, y yo fuimos a la Feria del Libro, importante indicador de qué lee la gente. Un paseo por el Retiro arriba y abajo recorriendo casetas. Había muchísimo ambiente y muchas personas con bolsas que portaban sus últimas adquisiciones libreras, un buen signo. Yo, que tenía un día horrible pero en plan reivindicativo feminista, me hice con mi primer Blackie Books, a saber: Pippi Calzaslargas. Contenta con mi compra, me dediqué a mirar y remirar el resto de casetas de librerías y editoriales en busca de otro de mis vicios, los marcapáginas. En nuestro peregrinar (María no se compró nada, aunque estuvo a punto de echarle el diente a una maravilla de la editorial Valdemar) nos encontramos con escritores sonrientes esperando hordas de ansiosos lectores para firmarles un ejemplar; pero nada, ahí estaban, sonrientes y espantando moscas. La otra cara de la moneda era la larga cola de fans indiscutibles de Eduardo Mendoza, que se esforzaba por dejar un garabato en su última novela. Me pareció una buena ocasión para sacar la cámara de fotos, pero en cuanto hice clik me dio por hacer una metáfora que compartí con María: esto parece el zoo. ¡Colas, gente haciendo fotos y un pobre escritor metidito en una caseta haciendo monerías a sus visitantes! Nos fuimos de ahí pitando. Todas las casetas tenían clientela, unas más que otras, pero tampoco había diferencias abrumadoras. Entonces, ¿leemos de todo?

Eduardo Mendoza en el zoo del libro

Difícil pregunta. Si nos fijamos en las listas de ventas podemos contestar que “regulín, regulán”, como diría mi abuelo. El enredo de la bolsa y la vida, El abuelo que saltó de la ventana y se largó y Las horas distantes son los libros más vendidos. ¿Alguno de vosotros los ha leído?, porque yo no. Vender, y en nuestro caso comprar, no significa leer. Os lo digo yo, que tengo cuatro baldas de mi estantería repletas de libros que he ido comprando, o con los que he sido agasajada, sin leer todavía. El orden de mis lecturas se debe a mecanismos tan complicados de explicar que paso directamente de intentarlo, pero resumiré diciendo que leo novela, narrativa, poesía, teatro, cómics y divulgación o ensayo con calma, pero sin pausa. Clásicos, best-sellers, novedades, manuales de mis principales aficiones, esas cosas que me hacen una lectora experimentada. No es que sea mejor que nadie, pero leo y me siento orgullosa de poder compartir esta pasión con vosotros.

Porque leer de todo es bueno, buenísimo. No solo te aporta cultura (siempre es guay poder sacar a relucir tus conocimientos literarios en charlas con amigos o desconocidos a los que impresionar), sino que te hace más tolerante. Ser de los que solo leen a Bukowski, como la ex novia de un amigo de Candela, o de los que no pasan de las sagas literarias de Harry Potter, Juego de tronos, Millenium, Crepúsculo o Los juegos del hambre, no solo te empobrece el intelecto, que tampoco es que les importe demasiado, sino que encima te hace un intolerante del copón. Porque después de no leer nunca bajo ningún concepto lo peor está en decir “yo es que de eso no leo”. Leer es bueno, sea lo que sea. Pero no cerréis vuestra mente, por Dios bendito.

Esto me recuerda lo que me dijeron hace unos días mis amigas a través de Facebook, donde tengo a bien enlazar algunos artículos del blog. Se atrevieron a decir que la gran obra de la literatura española Don Quijote de la Mancha “está sobrevaloradísima” (hola E., hola L., os quiero mucho). Yo sé que ellas tienen criterio y ambas son dos experimentadas lectoras (repetid conmigo: ¡leer es bueno!), por eso les perdono este desliz. Nos obligaron a leer esta pesada novela cuando estábamos en el instituto, la peor época para leerla, y muchos le cogieron tirria. Yo ni siquiera la leí por aquel entonces, estaba demasiado ocupada leyendo por placer a Bret Easton Ellis, Patricia Highsmith, Hermann Hesse, Patrick Süskind o H. P. Lovecraft. No obstante, no se puede tratar así a esta maravillosa obra (repetid conmigo: ¡ser tolerante mola más!) que hay que leer cuando se es maduro. Tiene partes de mucha comedia, otras de reflexiones más sesudas, escenas escatológicas, enseñanzas únicas por parte de Sancho, reflejos de nuestra condición de españoles por parte de Quijote… ¡Qué grande es! Y si no, decidme, ¿qué novela ha supuesto tanto como supuso “Don Quijote” desde su publicación (¡1605 y 1615, que se dice pronto!)? Y no, no vale decir Harry Potter…

Y sigo preguntándome, ¿qué leemos? Algunas editoriales, cansadas de no vender demasiado con sus libros de excelentes escritores pero no tan populares como los Mendoza, Jonasson o Morton de antes, abren nuevos sellos para esas novelitas que se leen del tirón y se venden como churros. Ejemplo: Siruela y su nuevo sello Alevosía, del que el blog Patrulla de salvación hizo una parodia que desencadenó mis risas. Pero nada malo diré de Siruela: hoy he sabido que he ganado tres libros de esta editorial en un concursillo organizado por Fnac a través de Twitter. Italo Calvino, Jostein Gaarder y Amos Oz irán directos a mi biblioteca personal, sí señor.

En fin… que no encuentro una respuesta acertada a la pregunta que me formulo, pero no importa. Seguiré espiando el twitter y el blog de Lecturas in fraganti o Que leen los demás, una mirada voyerista sobre lo que lee la gente en el metro. Sí, niños y niñas, todos hacemos eso. Nos encanta echar una mirada al libro del otro y descubrir que está leyendo. Mis anécdotas favoritas parten de ahí, como aquella vez que una chica vio que estaba leyendo La Reina de las Nieves de Carmen Martín Gaite, me dijo hola y se sacó de la mochila Nubosidad variable de la misma autora. Quise hacerme amiga de esa chica en ese mismo momento. Ay, los libros electrónicos nos quitarán parte de esta magia…

Continuará… con clases de lectores y otros artículos producto de mi (desempleada) vida.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Texto y fotografías de María José Alfonsel.

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