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No son muchos los casos de segundas partes escritas por otros autores, o al menos a mí no se me ocurren demasiados (comentadme, oh queridos lectores, si recordáis alguno más). A mi memoria vienen las dos “secuelas” de Lo que el viento se llevó, novela originaria de Margaret Mitchell, que vinieron a llamarse de forma tan creativa Scarlett (escrita por Alexandra Ripley) y Rhett Butler (por Donald McCaig). ¡Qué brillantes mentes las que se atrevieron a titular sus novelas con los nombres de sus protagonistas! Me quito el sombrero, sí señor. En nuestro país la continuación más sonada es la que aprendimos en las clases de lengua y literatura del instituto: la segunda parte apócrifa de Don Quijote de la Mancha, osadía llevada a cabo por Alonso Fernández de Avellaneda, además de otras obras de otros muchos autores que se subieron al carro del éxito del ingenioso hidalgo.

Y es que, señores, es muy fácil crear la continuación de una historia con un universo tan rico y que tantos sudores y esfuerzos supuso para sus autores originales. Ya sea plagio descarado o mal llamado homenaje, a muchos escritores les ha salido alguna liendre que les chupa los personajes y los escenarios. También me viene a la mente (mi archienemiga) Rosa Montero, de la que ya escribí a propósito de los buenos y malos títulos. La Montero publicó hace un año la novela Lágrimas en la lluvia, “homenaje” a ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick que supuso la base de la película Blade Runner de Ridley Scott. Es muy fácil, como os digo, partir del trabajo de otros para crear continuaciones. Muy fácil y muy tramposo, señores escritores.

Para tramposa, la escritora P. D. James, autora de una de las novedades editoriales que están arrasando en ventas: La muerte llega a Pemberley (editorial Bruguera). Para el que Pemberley le suene a inglés y poco más, os diré que se trata de la hermosa casa del señor Darcy donde han de vivir este y su flamante esposa Elizabeth Bennet tras el final de Orgullo y prejuicio, novela de la escritora más famosa de las letras inglesas, Jane Austen. Aquí la que os escribe se declara fan absoluta de sus novelas, aunque me falten algunas por leer. Y claro, por eso no entiendo que no se desaten furias y se manifieste nadie por esta tropelía. Debe ser que “homenajear” a un escritor muerto que ni siquiera puede defenderse es tolerable, mientras que “homenajear” a un escritor en vida se puede armar la de Dios. Si a mí se me ocurriese retomar a la familia Buendía de Cien años de soledad ¡buena me caería! Para empezar, una pedazo de demanda millonaria que ni con todas las ventas del libro podría jamás pagar. Pero a la buena de Jane Austen si se la puede utilizar, ya sea en versión cómic (Orgullo y prejuicio y zombies, de Seth Grahame-Smith), ya sea en versión misterio como se atreve P. D. James.

Si lo que pretende es vender, va a vender mucho la anciana escritora. Se dice y se comenta por las críticas y reseñas de la novela que está muy bien recreado el universo de (¿quién?) Jane Austen (¡la misma!) y que además aporta el aura de misterio de la propia James. Se dice y se comenta que es todo un acontecimiento para los fans de Austen, que pueden ver continuada una de las historias de amor más bonitas de la literatura. Se dice y se comenta que (spoiler) es una delicia ver cómo la historia arranca con el asesinato de Wickham, personaje antipático para todos los admiradores de la heroína Lizzy Bennet. Se dice y se comenta que es del todo respetuosa con la obra original y que es una lectura ágil y amena. Bien, pues que lo sea, pero mis simpatías no las tiene.

Algún día la leeré, aunque ese sea un día muy lejano, cuando ya tenga noventa y tantos años y me haya releído diez veces la obra completa de Jane Austen. Tal vez no me haga falta esperar, que este blog se posicione como uno de los más leídos y consultados (sigamos soñando) y las editoriales nos manden ejemplares gratuitos de sus novedades editoriales para que las reseñemos. Si ese día llega, quizá podamos escribir sobre Sin juicio ni sentimiento o Los poderes mágicos de Emma, títulos probables para novelas insustanciales que pretendan alcanzar la maestría de sus originales o al menos unos cuantos millones de ventas que engorden sus bolsillos. Entonces me tocará retractarme y decir, con humildad, que no debería opinar sobre lo no leído. Pero mientras tanto, dejadme que me queje un rato.

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This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Texto de María José Alfonsel.

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