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El peligro de leer un bestseller, sobre todo cuando tiene una adaptación cinematográfica o televisiva, es que no puedes salir de tu casa. No porque la historia sea tan interesante que no puedas parar de leer sino porque siempre te vas a encontrar con alguien que ya lo ha leído o lo que es peor que ya lo ha visto y se muere de ganas por compartirlo contigo.

Nunca olvidaré el día que me crucé con un chico que llevaba una camiseta sobre el sexto libro de la saga Harry Potter, Harry Potter y el misterio del príncipeen la que anunciaba la muerte de un personaje clave y después ponía: “Te acabo de ahorrar 552 páginas”. Menos mal que ya me había leído el libro porque juro que le habría hecho comerse la camiseta allí mismo.

Ahora que me estoy leyendo Choque de Reyes, segundo libro de la saga Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin, tengo que andar con muchísimo cuidado. Solo a mí se me ocurre empezar a leerlo justo cuando la HBO está emitiendo los capítulos de la segunda temporada. No puedo evitarlo, soy de esas personas que necesitan leer el libro antes de ver la película, siempre que me interese mucho el libro, claro está.

Puede parecer exagerado pero no lo es. En menos de dos semanas he quedado con tres grupos de amigos diferentes y las tres veces he tenido que o taparme los oídos o intentar cambiar de conversación o irme a otra habitación o insistir en que me estaba leyendo el libro y aun no había llegado a esa parte. De momento sobrevivo bastante bien aunque ya he tenido que escuchar varias veces: “¿Todavía vas por ahí? En la serie eso pasó hace mucho” o “No te preocupes que no es nada importante para la historia”. Son esos instantes en los que se te pone la mirada de “como me destripes algo te destripo yo a ti”, siempre desde la estima y el afecto.

Hasta ahora el único consejo que me han dado es que no me encariñe con ninguno de los personajes aunque eso ya lo aprendí con Juego de tronos.

Bueno, os dejo de dar la brasa que voy a seguir con mi bestseller ya que como decía el personaje de Alberto San Juan en Días de fútbol: “Esos libros cuando te enganchan ya no te sueltan. Tienen esa virtud”.

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