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Lanzo una obviedad: los cómics y el cine se llevan bastante bien. El cine se ha nutrido de infinidad de cómics para alimentar su pobre creatividad de estos últimos años. El proceso habitual es llevar a la gran pantalla un comic afamado. Todos recordamos el caso de los personajes de Marvel en películas como Spiderman, X-Men o la recién estrenada Los vengadores y las adaptaciones cinematográficas de los cómics de DC como Superman, Batman o Linterna Verde. Pero a veces también ocurre lo contrario: primero se hace la película y después el comic. Es una rareza, pero también pasa.

Producto del más puro merchandising, a alguna brillante mente se le ocurrió que el cómic sería otra vía de negocio. Hay casos más populares que otros. Para los fans de la saga Star Wars existen una gran y variada oferta de cómics que se crearon tras las famosas películas de George Lucas y compañía. También existen cómics posteriores a las películas de Alien, Jurassic Park y hasta El planeta de los simios. En España hemos visto recientemente esta práctica con la adaptación a cómic de [REC] y Lobos de Arga, esta última con la curiosidad (triste) de que la película aún no ha sido estrenada en las salas de cine después de su paso por el Festival de Cine de Sitges y la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián.

Y luego están los casos en los que vas a la biblioteca de tu barrio y coges un cómic con la inocencia, o más bien ignorancia, de que el cómic fue anterior a la película. Y resulta que es justo al revés. Me ha pasado con Vals con Bashir, una historia de Ari Folman ejecutada con los lápices y pinceles de David Polonsky (Editorial Salamandra). Conocía la existencia de la película de animación documental escrita y dirigida por el propio Ari Folman, pero no la había visto y pensé: “Anda, será el cómic previo a la película. Lo leo y luego veo la película”. En realidad, podría hacerlo. Saber que la película fue anterior al cómic da más o menos lo mismo: la historia es la misma. Más condesada en el cómic, pero no es una historia previa o posterior a la que la película narra. La misma estética que el film, la pregunta a la que responder sería ¿de dónde surge la necesidad de hacer la versión en cómic?

No soy quién para responder a esa pregunta, pero sí para escribir acerca del cómic. Trata sobre la juventud de Ari Folman, soldado israelí y testigo de la guerra del Líbano de 1982. Pasados los años y ya en su madurez, Ari no consigue recordar gran cosa de su participación en dicha guerra. Se trata de un trastorno disociativo frecuente entre personas que viven una experiencia traumática. El cerebro se encarga de borrar ciertos recuerdos y/o transformarlos como si se hubiesen vivido fuera de ellos. Eso le pasa a Ari, que fue testigo de las masacres de Sabra y Chatila. A medida que habla con sus antiguos compañeros, con periodistas y expertos en traumas bélicos, Ari llega a recordar lo que vivió. El cómic –y por tanto la película– es una reflexión personal de la barbarie de la guerra, de cualquier guerra, que lo concierten en un documento de gran valor para el reconocimiento de los actos que la historia mucha veces se esfuerza en suprimir, pero que la memoria se encarga de reivindicar.

Cómic necesario o no, la historia que cuenta es interesante conocerla y difundirla. Sea el medio que sea.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Texto y fotografías de María José Alfonsel.

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