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En la biblioteca municipal de mi barrio hay una estantería llena de cómics. No es mucho, pero en ella se puede encontrar clásicos, cuatro series manga sin terminar, tomos dedicados a la obra de algún autor de renombre, ediciones especiales de series infinitas, cómics sobre héroes que ni me suenan… Buceando, la última vez pude llevarme Españistán y un ejemplar curioso, sin estrenar, que nadie se había llevado a casa todavía: El manual de mi mente de Paco Alcázar (Editorial Mondadori). El no usuario de bibliotecas o simplemente ajeno a los libros tal vez no entienda lo que eso significa: un libro virgen, sin subrayar, sin pelitos, papeles o restos de tabaco entre sus páginas, un libro nuevo, como recién comprado, y tú eres la primera persona, la única persona, que se va a beneficiar de ese momento. Es emocionante.

Luego te enfrentas al comic. Para empezar, tienes que saber quién es Paco Alcázar. Yo le conocí a través de la revista semanal El Jueves, que publica su historieta Silvio José, el buen parásito, protagonizada por un hombre de cuarenta y tantos años, que vive con su padre, juega a los videojuegos, viste un pijama perpetuo y trata mal a todo el mundo. Me declaro fan de este trabajo, así que por eso quise echar un vistazo a El manual de mi mente.

La obra recoge las “mejores” colaboraciones en fanzines que el autor realizó entre 1997 y 2007, además de un historia titulada Todo está perdido que fue publicada años atrás y que es, sin duda, lo “mejor” de Alcázar junto a Silvio José. No es que el resto no me haya gustado. Algunas tiras tienen su gracia, tienen su encanto y tienen la esencia de las historietas de Paco Alcázar, pero leídas así, del tirón, abruman, aburren y agobian. No es un autor para todos los públicos. Te tiene que gustar el humor absurdo, negro y bizarro (me gusta). Te tienen que gustar autores como Charles Burns, Daniel Clowes o Robert Crumb (me gustan). Te tiene que gustar la crítica social que encierran las historias de este humor y esta estética (me gusta). Entonces ¿dónde está el problema? Tal vez en el formato. No es lo mismo leer semanalmente una tira que leer en unos días todo un tomo caótico. Una vez a la semana te hace gracia. Todos los días, varias veces al día, resulta agotador.

Las viñetas son densas, cargadas de detalles, donde los globos o bocadillos de los pensamientos o diálogos ocupan casi la viñeta entera (salvo contadas excepciones, como en la fotografía). No es como la limpieza y el minimalismo de cómics como Españistán o Moderna de pueblo, sino todo lo contrario. Además, no esperéis un dibujo preciosista. Los personajes de Alcázar son feos, muy feos, y cabezones, pero ¡como la vida misma!

Para terminar, rescato Todo está perdido. Es una historia divertidísima, sobre una familia con un perro que tiene una vagina parlante en un vecindario cuyos vecinos están tan locos que se transforman y tienen alucinaciones. Me encanta el personaje del vecinito, que se comunica con su madre mediante notas que pasa por debajo de su puerta. ¡Entrañable!

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