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Buscando temas para escribir en el blog se me ocurrió la maravillosa idea de hacer un listado de novelas cuya acción transcurre en Madrid. ¡Error! A medida que pensaba en este o aquel título y me iba documentando, el listado alcanzaba proporciones gigantescas. Bueno, tanto no, pero sí inabarcables. Y, sin embargo, aquí estoy, redactando este artículo sobre el Madrid literario, aunque resumido, compacto y dando prioridad a aquellas novelas que merecen la pena leer. Madrid, ciudad que mejor conozco, responde al porqué de la elección y necesidad de escribir acerca de ella.

Empecemos por el principio: Benito Pérez Galdós. Pocos escritores han novelado tanto la ciudad de Madrid como lo hizo el canario. No solo en los Episodios nacionales dejó buena cuenta del Madrid del siglo XIX, sino también en novelas como La fontana de oro, El doctor Centeno, La de Bringas, Fortunata y Jacinta, Misericordia y Miau.

Benito Pérez Galdós nos muestra un Madrid histórico, donde está la corte del rey Carlos IV y tienen lugar los acontecimientos del 19 de marzo y 2 de mayo de 1808 (Episodios nacionales). Sus novelas, de corte realista y naturalista, son contemporáneas a la época en que fueron escritas y mezclan los hechos históricos con la ficción. El peso de la ficción recae en las historias de amor e infortunio de sus personajes (La fontana de Oro, El doctor Centeno), pero dejando espacio para mostrar un Madrid burgués, noble y ostentoso (La de Bringas, Miau).

Fortunata y Jacinta está considerada, junto a La Regenta, una de las mejores novelas realistas del siglo XIX y narra la historia de amor entre dos personas de distinta clase social, Juanito y Fortunata, que, tras la boda de este con Jacinta, verán su amor perdido y recuperado en más de una ocasión. Otros muchos enredos proporcionan los más de mil quinientos personajes que aparecen en la trágica novela, que enseña las dos caras del Madrid de entonces, tanto la burguesa como la de los bajos fondos. Galdós nos describe lugares como la Plaza de Pontejos, la Cava de San Miguel, la Plaza Mayor o la Iglesia de San Ginés. El barrio de La Latina tal y como era hace más de un siglo. Selecciono dos fragmentos que pueden ilustrarnos cómo era Madrid a finales del siglo XIX:

«Vio que las costumbres de Madrid se transformaban rápidamente, que esta orgullosa Corte iba a pasar en poco tiempo de la condición de aldeota indecente a la de capital civilizada. Porque Madrid no tenía de metrópoli más que el nombre y la vanidad ridícula.»

«Por los ventanucos abiertos salía, con el olor a fritangas y el ambiente chinchoso, murmullo de conversaciones dejosas, arrastrando toscamente las sílabas finales. Este modo de hablar de la tierra ha nacido en Madrid de una mixtura entre el deje andaluz, puesto de moda por los soldados, y el dejo aragonés, que se asimilan todos los que quieren darse aires varoniles.»

Misericordia fue escrita diez años después (en 1897) y pertenece al género del Naturalismo. El Madrid mostrado aquí es el de la gente pobre y humilde. La protagonista, una criada que sirve en una familia acomodada venida a menos, ayudará a su señora mendigando para ella, en un acto de caridad extrema. El espiritualismo, presente en las últimas novelas de Pérez Galdós, teje la historia principal. Nada más arrancar la novela, Galdós nos muestra qué Madrid podemos encontrar en ella:

«Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián… mejor será decir la iglesia… dos caras que seguramente son más graciosas que bonitas: con la una mira a los barrios bajos, enfilándolos por la calle de Cañizares; con la otra al señoría mercantil de la Plaza del Ángel. Habréis notado en ambos rostros una fealdad risueña, del más puro Madrid, en quien el carácter arquitectónico y el moral se aúnan maravillosamente.»

El Madrid inmortalizado en las obras de Galdós no ha sido reivindicado como otros muchos escenarios literarios. Como escribió Almudena Grandes en El País:

“La unión de Galdós y Madrid es tan esencial, tan íntima y honda al mismo tiempo, que los dos, el escritor y su ciudad, han corrido una suerte semejante. Es curioso comprobar cómo, a diferencia de lo que ocurre con Clarín y Oviedo, por no citar el caso de Dickens y Londres, que resultaría mucho más apropiado, no se recurre de manera sistemática a Galdós para simbolizar a la ciudad a la que entregó su obra.” (El País, 13/02/2005).

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Continuará…

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